domingo, 30 de enero de 2011


En busca de nuevos caminos: Todas íbamos a ser
reinas, de Paulina Movsichoff
Raquel Gutiérrez Estupiñán
México
I
Paulina Movsichoff nació en San Luis, Argentina. Durante una entrevista
realizada en octubre de 1996, señaló como principal motor de sus narraciones
las historias que le contaba su mamá, allá en su ciudad natal, durante
su infancia y juventud1.
Las novelas de Paulina —extraordinariamente bien escritas— plasman
vivencias de provincia, que a ella (quien vivió varios años en México) le
parecen guardar semejanza en cualquier país latinoamericano donde se
sitúen; en esto puede decirse que Paulina Movsichoff es una escritora con
una clara conciencia de una identidad latinoamericana. Destacan en sus
novelas los personajes femeninos, y forman una extensa gama de mujeres
de distintas edades y con aspiraciones y destinos diferentes. Es el caso para
Todas íbamos a ser reinas, donde aparece la mujer que regresa a su pueblo
después de haber estudiado en París, la enferma, la que cuenta mitos indígenas,
la que no se casará nunca2.
La novela está dividida en cuatro partes (Reencuentros, De mareas y
vértigos, Distancia y Brújulas). Se narran las historias de varias mujeres
que comparten lazos familiares. Adelaida regresa a su pueblo luego de una
estancia en París, y reencuentra a su hermana Mercedes, aquejada de artritis.
Mantiene relaciones con varios hombres, tiene una hija (Felicia) y se dedica
a la pintura, con más o menos pasión según los vaivenes de su vida. Paralelamente
se cuenta la historia de Tania y Mijhail (Miguel) Petroff, quienes
han abandonado Rusia para instalarse en territorio argentino. Representan
la importante corriente migratoria de Europa hacia Argentina a finales del
siglo XIX y principios del XX. Al igual que muchos otros migrantes, Miguel
y Tania realizan un viaje lleno de penalidades, se instalan en la nueva tierra
y empiezan a trabajar con sus propias manos para labrarse un futuro. La
convivencia con gauchos, indios y negros es, en el discurso de la novela, una
sinécdoque de la composición de la sociedad argentina3.
Interviene asimismo un discurso poblado de imágenes provenientes del
mundo indígena, dominado por voces femeninas que luego se dejan de oír.
Muchos personajes (femeninos y masculinos) aparecen y desaparecen a lo
largo de la historia; aportan elementos para caracterizar el ambiente e influir
en las vidas de otros personajes. La heredera de las inquietudes de Adelaida,
la continuadora de sus anhelos de libertad es Eloísa, su sobrina (hija de su
hermano Enrique, casado con Eugenia). El recorrido vital de Eloísa constituirá,
en cierto momento de la novela, un contrapunto con respecto a Felicia,
desafortunada en el amor (le prohibieron casarse con Antú, hijo de una criada
de Eugenia; su matrimonio con Onofre sólo le produce pesares), atrapada
en las labores domésticas y con el tejido como único aliciente. Eloísa elegirá
abandonar el pueblo para irse a vivir a Buenos Aires. Ahí, además de
estudiar leyes, se involucra en las actividades del movimiento feminista y se
compromete en la lucha social. Luego de romper el compromiso para casarse
con un rico (pero infiel) abogado, y de una relación con David (médico, hijo
de Tania y Miguel, casado con Berenice y padre de un niño), es nombrada
oradora en un congreso feminista que se realizará en Bélgica. El viaje que
emprende al final de la novela simboliza la libertad, los horizontes abiertos y
la continuidad del viaje que realizara Adelaida años atrás.
Desde una lectura interesada en la perspectiva de género, el personaje de
Eloísa es especialmente interesante por su filiación con el Bildungsroman con
protagonista femenino. Como veremos, el recorrido narrativo de Eloísa, con
las particularidades propias al contexto discursivo en el que surge, presenta
muchos de los rasgos de la novela de autodescubrimiento, en su variante de
Bildungsroman.
II
Como ya hemos dicho, la reflexión que realizaremos en las páginas que
siguen se sitúa dentro de la perspectiva de género, concebido por Rita Felski
(1989) como un molde cultural sobre el cual puede medirse la significancia
social del texto individual. Esta significancia social de la literatura escrita por
mujeres es susceptible de ser aprehendida mediante el examen de la subjetividad. Recordemos que el interés por la categoría del sujeto se hizo evidente
para la teoría feminista durante los años 70, cuando el sujeto pasó a ocupar
un lugar central en el proyecto feminista no como un yo femenino esencial,
sino a partir del reconocimiento de que la posición que ocupan las mujeres
dentro de las estructuras familiares, sociales e ideológicas existentes difiere
de la posición que ocupan los hombres.
La propuesta teórica de Rita Felski considera, sin embargo, que la polarización,
sin más, entre lo femenino y lo masculino es reductora, y debe ser
superada si queremos dar cuenta de la significancia de los textos escritos por
mujeres, en lo colectivo (es decir, como grupo) y en lo individual. Se trata, por
un lado, de reconocer la heterogeneidad de los textos producidos por mujeres
en diferentes periodos y culturas y, por otro, de relacionar esos textos con la
consideración de su función social. En este sentido, el contexto del feminismo
debe ser visto como un conjunto de prácticas culturales y de ideologías políticas
que se caracterizan por la diversidad tanto como por la unidad. Por otra parte,
no debe olvidarse que los discursos de oposición se hallan siempre influidos
por las normas culturales con respecto a las cuales se definen.
Dentro del contexto anterior, Todas íbamos a ser reinas forma parte de
los textos escritos por mujeres que tratan el problema de la construcción
subjetiva del yo. En ellos, la categoría del género es el marco organizador
que media entre texto y contexto, pero en donde el género es solo una entre
muchas de las influencias que determinan la subjetividad.
Ahora bien, para proceder al análisis de los textos femeninos disponemos
de las dos categorías descritas por Felski: la novela de despertar (constituida
por textos que aspiran a una autoexpresión no mediatizada del yo autoral
como proceso potencialmente liberador) y la novela de autodescubrimiento
o Bildungsroman femenino4. Esta segunda categoría —a la que recurriré
para el análisis de Todas íbamos a ser reinas— designa todos aquellos textos
(recientes) de escritoras que trazan una narrativa clara de emancipación femenina
a través de la separación, por parte de la heroína, de un contexto definido
por la cultura patriarcal, para ir en busca de nuevos horizontes. En la intriga
de estas novelas aparece una protagonista que se mueve desde un estado de
enajenación hacia el descubrimiento de una identidad propia, lo cual implica
el abandono de los valores definidos por la ideología del patriarcado. Como
veremos, esta es la situación que prevalece en Todas íbamos a ser reinas.
III
El título de la novela alude a unos versos de Gabriela Mistral, que aparecen
en el epígrafe: “Todas íbamos a ser reinas / de cuatro reinos sobre el mar: /
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En busca de nuevos caminos: Todas íbamos a ser reinas, de Paulina Movsichoff
Rosalía con Efigenia / y Lucila con Soledad”. Con esta cita se establece, de
entrada, una relación intertextual que incidirá en la significancia global de
la novela. Los sueños de las cuatro amigas (“Con las trenzas de siete años
/ y batas claras de percal”) de encontrar hombres que las convirtieran en
reinas (“De los cuatro reinos […] que por grandes y cabales / alcanzarían
hasta el mar […] Cuatro esposos desposarían, / por el tiempo de desposar,
/ y eran reyes y cantadores / como David, rey de Judá”) se desvanecen ante
los destinos de cada una: Rosalía viuda de un marino, Soledad cuida de otros
hijos, sin tener ella ninguno; Efigenia se fue siguiendo a un hombre, Luisa se
volvió loca. Sin embargo, no desaparece el viejo anhelo: “llegaremos todas
al mar”, dice el último verso. De la misma manera, los personajes femeninos
que desfilan en la novela que analizamos conocen suertes muy diversas, pero
entre ellas destaca Eloísa por su afán de buscar alternativas.
El relato abarca dos generaciones y se sitúa en la provincia argentina y en
Buenos Aires. Las mujeres pueden constituir verdaderas figuras tutelares, y
seguir viviendo en las experiencias de otras. Así, la novela empieza cuando
Adelaida regresa a Argentina, luego de una larga temporada en París, a donde
había ido a estudiar pintura. Se instala en casa de su hermana Mercedes, con
quien lleva una relación entrañable, y que morirá inmovilizada por la artritis.
A propósito de esto, es interesante el papel de las enfermedades y otras reacciones
psicosomáticas en el nivel simbólico. Mercedes —quien se había quedado
sola después de la partida de sus hermanos, Enrique y Adelaida, y que
además es viuda— es víctima de dolores “que la hacían ver estrellas sobre
todo cuando el tiempo se ponía húmedo” (34)5 y va perdiendo el movimiento
hasta que muere, no sin antes advertir a Adelaida y a sus amigas: “No crean
que me voy del todo. Pronto les devolveré la visita” (65). Y en efecto, tiempo
después regresa a hablar con su hermana, quien “La vio en el preciso instante
en que acercaba el fósforo al mechero de la lámpara. Estaba sentada a la
cabecera de la mesa, los ojos libres de las gasas de los últimos tiempos, de
nuevo joven y sonriente” (73-74)6. Adelaida padece de insomnios incurables,
relacionados con la fiebre creativa que se manifiesta en la abundante producción
de pinturas, así como en su exuberante sexualidad.
Felicia (hija del matrimonio que alguna vez formaron Adelaida y Cristóbal)
enmudece en épocas de conflictos o ante situaciones que le son
especialmente dolorosas. Este negarse a hablar puede interpretarse como
una reacción ante el lenguaje considerado como un medio que engaña y
corrompe. Según Rita Felski (1989: 146), la mudez funciona con frecuencia
como índice de autenticidad y como rechazo del mundo de la comunicación
social. Cuando se niega a hablar, Felicia oculta la naturaleza intensa y
compleja de su subjetividad femenina. Esto sucede por primera vez cuando,
habiendo sido descubierto su amor adolescente por Antú (el hijo indígena
de la sirvienta Engracia), el muchacho es obligado alejarse de ella: “Nadie
la escuchó pronunciar una palabra más, por lo que no tuvieron más remedio
que pensar que se había vuelto muda” (106). Aunque recupera el habla poco
después (gracias a la promesa de Adelaida de romper con su amante en turno
si Felicia recuperaba el habla, 107), la mudez no pierde nada de su valor
simbólico, sobre todo porque esta incapacidad de hablar, de expresarse —en
contraste con la elocuencia del hombre— volverá a aparecer años más tarde,
cuando piensa en su prima y mentalmente le dice: “Y ahora, Eloísa, se me
desgobiernan las palabras, quisiera decirte tantas cosas, tanto tiempo sin
hablar con nadie...” (169)7. Sin embargo, Felicia posee un discurso propio,
interno, que revela una toma de conciencia con respecto a su situación de
mujer-prisionera y desilusionada. A través de este discurrir interior se dirige
a su marido:
Yo te pregunto, Onofre: ¿Entonces era esto el amor? [...] Ahora voy
sabiendo, Onofre, a las mujeres se nos cría únicamente para tener un hombre
y para que, una vez obtenido, se vaya como te vas vos a la pulpería o a traer
guachos al mundo [...] yo soñaba cuando pequeña en [...] irme a recorrer
países, puertos desconocidos, el mar, las aventuras, eso hubiera deseado, ser
marinero, pero qué soy ahora [...] una gaviota condenada a vivir en la tierra
[...] (152).
Observemos que este discurso interno es de naturaleza dialógica. En el
pasaje citado las reflexiones de Felicia acerca de la condición de las mujeres
presuponen la presencia de su marido. Se notará igualmente el contraste
entre la sujeción de Felicia y sus deseos de libertad8. Así, le dice a Eloísa,
para describirle su encierro y contarle sus recuerdos de Onofre después de
que este muere, que quienes la cuidan la creen loca, en fin que “[...] todo ha
sucedido, íbamos a ser reinas, Eloísa, pero la noche cierra ahora sus puertas
sobre mi desamparo” (182).
Felicia constituye una especie de antiheroína, si la definimos con respecto
a Eloísa. Su trayectoria es opuesta a la de su prima: permanece en el pueblo,
infelizmente casada a pesar de que ama a su marido (Onofre, quien no corresponde
a los sentimientos de su mujer, ni siquiera los entiende...). Lo que prometía
ser una vida plena se convierte poco a poco en una rutina, una continua
insatisfacción que lleva a Felicia primero a la decadencia (durante una visita
al pueblo, Eloísa la ve como “una mujer enflaquecida y grisácea”, cuyos ojos
habían perdido el brillo y con “un rictus casi imperceptible que le curvaba los
labios”, 148) y luego a una casi-locura, que se confirma cuando, poco antes
de morir, le prende fuego a su casa para tratar de liberarse de su encierro. La
figura de Felicia, además, es la que está más estrechamente asociada a símbolos
convencionales y culturalmente asociados a lo femenino. Entre otras
cosas, el texto da cuenta de la experiencia de su primera menstruación:
Un dolor agudo la turbaba cuando por casualidad se rozaba los senos y
recibió la primera menstruación con una mezcla de repugnancia y estupor.
Se sintió de pronto arrojada a la soledad [...]. Temblaba ante la idea de que
él [su amigo Antú] percibiera los cambios que lentamente se operaban en su
cuerpo (86).
Otra actividad portadora de una enorme carga simbólica es el bordado,
también atribuido a Felicia9. Cuando Antú (su enamorado) vuelve a ausentarse
luego de un breve encuentro, Felicia “Comenzó a bordar en la galería
una tela interminable y contestaba con monosílabos cuando alguien le dirigía
la palabra” (112)10; años después, seguirá bordando su “interminable tela en
las lentísimas tardes llovederas de es[t]e verano igual a todos los demás”
(170), mientras el marido busca el placer con Olegaria, una mulata con la que
ha engendrado varios hijos. Por cierto, Olegaria es otra de las manifestaciones
de lo femenino en la novela. Es una mulata sensual, de cabellos rizados y
“caderas henchidas” que se mueven cadenciosamente bajo su vestido. Onofre
le ha puesto casa en la ciudad, lo cual atormenta a Felicia, la esposa legítima,
la dama de “pechos pobres”. Este personaje femenino forma parte de la
diversidad en cuanto a representaciones de ambos géneros en Todas íbamos
a ser reinas. Véase, por ejemplo, el caso de Carducci,compañero de trabajo
de David en una fábrica en Buenos Aires, “aquel muchacho algo endeble de
grandes ojos oscuros” (115) de quien en la fábrica empieza a decirse que “no
era del todo hombre” (116), motivo por el que es expulsado.
Parte de la función del personaje de Felicia en Todas íbamos a ser reinas
—al igual que sucede, de otra manera, con Adelaida— es la de constituir un
contrapunto y a la vez un acicate para la liberación de Eloísa. Esto se aprecia
con claridad en un pasaje muy bien logrado de la novela, tipográficamente
presentado a dos columnas (118-122). En él, Eloísa contempla a Felicia y
empieza a darse cuenta de lo que no quiere ser. Este pasaje es otra muestra
de dialogismo interno (Bajtín,1986, capítulo IV). En él, Eloísa se dirige a sí
misma para examinar las posibilidades de dar un giro a su vida. A lo largo
de su reflexión se da cuenta de que la única salida es escapar (“vos querés
escapar de esta chatura, irte a una ciudad llena de luces”, 11911; “no te vayas
a volver loca como Adelaida, destruyendo su vida en aras de qué […]”, 119).
Adelaida es el único personaje, en el entorno de Eloísa, que se acerca más a
un modelo para ella, en el sentido de que había estado en París y vivía lo más
libremente que le permitían las condiciones de la vida en el pueblo. De ella
recibe Eloísa los libros que le abrirán las puertas del conocimiento, primer
paso hacia su ineluctable abandono del espacio familiar12.
El autodescubrimiento y la emancipación de Eloísa aparecen en la trama
de Todas íbamos a ser reinas como un movimiento hacia el campo del compromiso
social. Dentro de este proceso, el desplazamiento desde el pueblo
natal hacia la ciudad es también un traslado de un espacio simbólico a otro.
Esta transición está señalada en el texto mediante los preparativos para el
viaje, cuando Eloísa recorre “las grandes extensiones arboladas, como queriendo
fijar para siempre en su retina las cosas amadas y familiares” (133),
y cuando bebe en la cocina el tazón de café con leche (metonimia de cálidos
rituales cotidianos) que le ofrece Brígida. La víspera del viaje (que fue “nerviosa,
casi asmática”) se representa en la novela con imágenes estrechamente
asociadas a lo femenino: el ajuar que su madre le ayuda a acomodar en el
enorme baúl. La atención prestada a los detalles de la vestimenta femenina
parece caracterizar la narrativa (y tal vez otros géneros) escrita por mujeres.
En esta novela de Paulina Movsichoff encontramos “los corsés de batista,
las faldas de gabardina, las enaguas de satén con encaje, el vestido celeste
de muselina bordado en perlas del mismo color [...], los sombreros prolijamente
acomodados en sus respectivas cajas” (134)13. En el tren, los pasajeros
admiran a Eloísa, una mujer “erguida como un junco y envuelta en una estola
de zorros de Virginia” (134). Una vez instalada en la capital, Eloísa “adquirió
nuevos trajes de seda, guantes de cabritilla, un vestido de casimir azul con
cuello y botones de terciopelo […], un traje de lana beige y otro a cuadros
guarnecidote linón bordado, sombreros y botines que la convirtieron en una
mujer tan elegante como las que se topaba en sus caminatas” (140).
En Buenos Aires realizará nuestra heroína su inserción progresiva en el
espacio social. En una primera etapa, bajo la dirección de su tía Candelaria,
se comportará como una señorita de la alta sociedad (amplía su guardarropa y
se esfuerza en abandonar su acento de provincia), aprende a conducir un packard
negro, se enamora de Javier Etchevarne (“abogado próspero que rozaba
la treintena”, 140), pero durante una visita a sus padres —para presentarles
a su novio—, ante la actitud machista de Javier (la llama “niña” y con frecuencia
emplea con ella un tono paternal y autoritario), se pone en marcha
un mecanismo de autodefensa. Días antes de terminar con su novio, se había
manifestado ya en Eloísa una cierta hostilidad hacia Javier; en una noche de
insomnio ella se repite esta frase significativa: “Él me roba de mí misma”
(148), y la imagen de Javier se deconstruye como el ideal al que la joven
aspira. Más adelante —ya en su etapa feminista— la relación de Eloísa con
David, muy apasionada y satisfactoria al principio (a pesar de que él estaba
casado), se vuelve “ocasional” y terminará cuando ella, al releer la Eneida
62
En busca de nuevos caminos: Todas íbamos a ser reinas, de Paulina Movsichoff
de Virgilio, se niega a que su destino sea el mismo de Dido. Así surge una
nueva Eloísa, a quien ya no le interesa la relación con David: “El mundo me
espera. No puedo detenerme” (195), le dice. En este sentido, la relación con
los hombres pasa por etapas semejantes a las del tránsito de la enajenación a
la liberación personal y al compromiso social. Al respecto, señala Rita Felski
(1989) que en la novela de autodescubrimiento el papel de la sexualidad no
es relevante porque sabotea la lucha por la independencia.
Entonces, Eloísa anuncia que va a inscribirse en la universidad. Esta decisión
—que la había llevado a Buenos Aires, pero que había estado posponiendo—
constituye un gran paso hacia la independencia personal. En esto,
Eloísa recibe el apoyo de su tía Candelaria, quien, consciente de las “excentricidades”
de su sobrina, la ayudará a instalarse en casa de Lucila Cruz (“viuda
sesentona”), en un barrio de trabajadores, donde descubre la voz de los repartidores,
las bombas en las esquinas, “los cuarteadores que ayudaban a sacar el
tranvía del atascadero” (156). Nos encontramos ante otro cambio de espacio
simbólico, que acerca a la heroína al espacio de la acción social.
A partir de aquí, la transformación decisiva en la vida de la protagonista
se llevará a cabo de forma paralela a sus estudios de leyes. Para asistir a las
clases en las que ella es la única mujer, se viste con trajes oscuros y lleva
el pelo recogido bajo el sombrero que le molesta usar porque la distingue
ostentosamente de sus compañeros. Este hecho es significativo porque presenta
a una mujer que tiene que disimular sus atributos (los cuales son parte
de su identidad) para poder interactuar en un mundo todavía no preparado
para darle acogida.
Uno de sus profesores dirige un proyecto para la emancipación civil de
las mujeres y la invita a una reunión en la que ella escucha a las asistentes
(mujeres que ya han tomado conciencia de su situación desventajosa con
respecto a los hombres) y observa cómo se arrebatan la palabra, en ese lugar
—privilegiado y artificial— donde sí les es permitido expresarse. La imagen
convencional y prejuiciada que Elisa tenía de las feministas, de quienes había
oído decir que “eran unas locas, unos marimachos” (157) se transforma en
un sentimiento de solidaridad hacia aquellas mujeres. Y también hacia otras,
como Adelaida, que a su manera trató de liberarse a través del cultivo de la
pintura y que desafió “las leyes ancestrales que la condenaban a la castidad”
(158); y hacia Felicia, que no tuvo la suerte de poder salir de su pueblo. Esta
solidaridad se hará más fuerte a medida que Eloísa avance en su inserción en
el campo de lo social.
Sin embargo lo más relevante para ella es que descubre la naturaleza de
su propia búsqueda: “el afán de ser”, es decir, conseguir una identidad feme
nina propia. Es este uno de los momentos de iluminación que para Felski
(1989) forman parte de la transformación psicológica de la protagonista,
y que —cuando no es gradual— puede compararse a una iluminación de
tipo religioso. Aquí es donde podemos captar el desarrollo de una narrativa
alternativa —marco simbólico dentro del cual puede situarse la identidad
de género—, basada en el rechazo de los valores patriarcales que atan a las
mujeres y les impiden ver su propia existencia separada de los deseos y las
necesidades de otros.
En el caso de Todas íbamos a ser reinas, el cambio de perspectiva se
indica también por el desarrollo de una “implacable lucidez” que hace a
Eloísa captar de inmediato “las actitudes del sexo opuesto [sus compañeros
de partido] que iban en desmedro de su condición de ser humano” (187). Este
nuevo estado de alerta es adquirido gracias a su interacción con la Unión de
Mujeres, pero en ello juega un papel importante la relación, más estrecha,
con Pascuala Cueto, militante socialista de larga trayectoria. Eloísa la había
conocido cuando, años atrás, había llegado al pueblo para fundar una biblioteca.
En la historia de Pascuala se entreveran la lucha social, la desilusión en
el amor (el hombre con el que había decidido vivir resultó alcohólico y le
propinaba violentas golpizas), la decisión de criar ella sola a su hijo, y sobre
todo una gran determinación de seguir adelante, a pesar de todo.
En labios de Pascuala se pone un discurso feminista “breve, pero intenso”
sobre la exclusión de las mujeres a pesar de constituir más de la mitad del
género humano, y que termina con la reflexión siguiente: “Si la mujer no ha
producido genios, si no tiene espíritu de método ni estabilidad mental, ni rectitud
de carácter, ¿no hemos hecho todo lo posible para que sea así?” (158).
El movimiento de las mujeres al que Eloísa se une, y que marca para ella
su entrada al tiempo histórico, ilustra la historia de resistencia y supervivencia
prsente en la novela de autodescubrimiento. Esto, aunado a la solidaridad
que se instala entre mujeres, confirma la afirmación de Rita Felski
(1989: 95) en el sentido de que el Bildungsroman femenino combina la
exploración de la subjetividad con una dimensión de solidaridad de grupo
que inspira activismo y resistencia, en lugar de resignación privada, y que se
halla en relación estrecha con la afirmación autoconsciente de una identidad
colectiva.
Así, en su camino personal hacia el compromiso social, Eloísa colabora
con las mujeres del Centro Feminista que presta ayuda a unos obreros en
huelga. Su actividad adquiere una dimensión simbólica cuando, al principio,
ayuda a servir la sopa que las parroquias ofrecen a las familias obreras, y
luego se traslada dos veces por semana a la fábrica de cartón prensado para
leerles a los clásicos, alimentando también el espíritu de aquellos trabajadores:
[...] Cuando cerraba los libros y ellos la acribillaban a preguntas, comprobaba
que su hambre no era tan solo física. Se entusiasmaba entonces
hablándoles de aquella mujer llamada Antígona, que desafió las iras de un
rey para enterrar a su hermano, de aquella otra reina, Hécuba, reducida a
sierva, privada de sus hijos y obligada a terminar sus días en el destierro. Les
leyó las desdichas de Dido, la cólera atroz de Medea [...], les habló de aquel
navegante incansable que atravesaba el mundo mientras su mujer tejía y destejía
la tela de su espera [...]. Cuando se levantaba para irse, Eloísa se llevaba
la certeza de que, pasara lo que pasase, su vida quedaba justificada por esos
momentos [...] (196-197).
Por aquellos días, Eloísa consagra mucho tiempo a la escritura de artículos
(no sin algunos momentos de crisis, en los que se siente invadida por “una
paralizante sensación de inseguridad”, 172) y no descuida su participación
en todas las actividades de la Unión de Mujeres. En una de ellas, organizada
con el propósito de recaudar fondos para una revista, tiene lugar la aparición
de una mujer pequeñita, que “sube al estrado vestida de blanco y tocada
con un sombrero cloché”, que irradia “un extraño magnetismo” y empieza a
recitar: “Tú me quieres alba, / me quieres de espumas, / me quieres de nácar.
/ Que sea azucena / sobre todas, casta. / De perfume tenue. / Corola cerrada.”
Pascuala le explica que se rata de la poeta Alfonsina Storni14. Esta presencia
constituye una de las claves de la novela de Paulina Movsichoff y establece
un lazo entre sus personajes y un contexto histórico-social bien definido en el
que se movieron mujeres “reales” en las primeras décadas del siglo XX.
Con respecto a esto último, el movimiento feminista en la Argentina
de finales del siglo XIX y principios del XX se relaciona con otros movimientos
anarquistas y coincide con el incipiente movimiento obrero15 y el
inicio de las reflexiones sobre la “cuestión de la mujer”. En efecto, el final
del siglo XIX había presenciado una tímida inserción de las mujeres en el
campo laboral, sindical y en las luchas sociales. Al mismo tiempo surgían
sectores de obreros y organizaciones gremiales. En general, puede calificarse
de tibio el clima de las reivindicaciones generado por las mujeres en centros
urbanos e industriales. Hacia 1870 sus formas organizativas eran, muchas
veces, espontáneas16. Al iniciar el siglo XX (y esto es lo que presenta el
contexto de Todas íbamos a ser reinas), las feministas habían avanzado en
cuanto a formas de organización. Por otra parte, ya en esas épocas podía distinguirse
un feminismo “burgués” y otro “proletario”, ligado al socialismo; a
este último se adhiere Eloísa.
Este contexto incluye a numerosas mujeres que destacaban por su decidida
participación en las luchas sociales. Entre ellas destaca Alicia Moreau
de Justo17, de quien afirma Paulina Movsichoff que le sirvió de modelo para
el personaje de Eloísa18. Una coincidencia muy cercana con las ideas de
Moreau se aprecia en el siguiente fragmento:
En ese momento descubrió su ardiente deseo de colaborar en la tarea por
un mundo mejor. Y lo primero, pensaba, lo más urgente, era modificar la
situación del niño y de la mujer. Asistió a todas las reuniones feministas con
una unción y un entusiasmo que la colocaron pronto entre las luchadoras más
vehementes (173).
En cualquier caso, Todas… reconstruye el contexto en el que se movía el
personaje de Eloísa y nos permite captar el momento en que se ponía en marcha
un proceso sociocultural alternativo que estaba destinado a ejercer una fuerte
presión en el sistema ideológico entonces vigente y que en la novela aparece
representado en las vicisitudes de las mujeres en la provincia, pero también en
las relaciones entre mujeres y hombres en Buenos Aires. Se trata de hechos y
experiencias que pueden encontrar semejanza en muchos rincones de nuestro
mundo, con las especificidades de los distintos contextos.
Todas íbamos a ser reinas es una obra sumamente rica, que no podría reducirse
a los aspectos sobre los que hemos reflexionado en los párrafos anteriores.
Hay otras figuras femeninas sumamente interesantes, además de las que
hemos mencionado (como la inmigrante Tania, Berenice o la india Engracia).
Sin embargo, si realizamos una lectura con perspectiva de género observamos
cómo dibuja el trayecto de Eloísa hacia la constitución de un yo coherente.
Hay un desplazamiento claro desde una situación de enajenación —creada por
una serie de valores defendidos por la cultura patriarcal— hacia el compromiso
social a través del movimiento feminista. No olvidemos, sin embargo,
que el feminismo en la novela de autodescubrimiento no pretende erigirse en
representante de toda la humanidad, sino que se concentra en experiencias e
intereses femeninos específicos, al tiempo que afirma la realidad irreductible
de la diferencia de género. El Bildungsroman femenino es, por otra parte, básicamente
optimista, por la apertura que sugiere. En Todas íbamos a ser reinas
el relato termina con la figura de Eloísa acodada contra la borda del navío que
la lleva a Europa, donde asistirá —en Bélgica— como oradora en un Congreso
Feminista internacional19. El viaje representa el ideal de un nuevo horizonte
para las mujeres, un espacio que queremos sin límites.

Referencias bibliográficas
BAJTÍN, Mijaíl. Problemas de la poética de Dostoievsky. México, FCE, 1986/1979.
FELSKI, Rita. Beyond Feminist Aesthetics. Feminist Literature and Social Change.
Cambridge, Massacussets, Harvard University Press, 1989.
GUTIÉRREZ ESTUPIÑÁN, Raquel. La realidad subterránea. Ensayo sobre la
narrativa de Luisa Josefina Hernández. México, CONACULTA, 2000.
----- Una introducción a la teoría literaria feminista. México: Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla / Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, 2004.
----- “Trans-formaciones genéricas en dos novelas de escritoras argentinas contemporáneas”.
México, Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias, Universidad
Veracruzana, Semiosis, julio-diciembre de 2009, tercera época, vol. V., núm. 10,
199-224.
Obras de Paulina Movsichoff:
Una mujer silenciosa. Argentina: Torres Agüero Editor,1989
Todas íbamos a ser reinas. Argentina: Ediciones Letra Buena (Colección Letras /
Novela), 1995.
Juan Crisóstomo Lafinur. La sensualidad de la filosofía. Buenos Aires, Fundación
Victoria Ocampo, 2006.
Notas
1 Paulina obtuvo el Premio Juan Rulfo en 1982, con la novela Fuegos encontrados, a
la que siguieron Las fábulas del viento (1987), Todas íbamos a ser reinas (1995), La
orilla del mundo (2005), y Juan Crisóstomo Lafinur. La sensualidad de la filosofía
(2006). Ha publicado dos libros de cuentos: Extraño de ojos grises (1982) y Una
mujer silenciosa (1989). También escribe poesía y ha incursionado en la lietatura
infantil.
2 Cabe destacar que los personajes masculinos no carecen de interés. Sus experiencias
se entetejen con las de las mujeres; hay ejemplos de opresión pero también de solidaridad.
3 Este elemento está muy presente en la narrativa de Paulina Movsichoff, como se
aprecia en los cuentos que conforman Una mujer silenciosa y en la novela Juan Crisóstomo
Lafinur. La sensualidad de la filosofía.
4 Estas dos categorías parten de estructuras literarias ya existentes para crear relatos
centrados en experiencias de mujeres. La novela de despertar se relaciona con la tradición
de la autobiografía y la de autodescubrimiento con el Bildungsroman con protagonista
masculino, también de larga trayectoria literaria. Véase Gutiérrez Estupiñán,
2004.
5 Las páginas entre paréntesis corresponden a la edición consignada en las Referencias,al final de este trabajo.
6 Al respecto, afirma Rita Felski (1989) que la forma subjetiva del realismo puede
incorporar la pintura de sueños y fantasías como parte de su concepción de lo real.
Una función parecida podría adjudicarse a la serie de textos —tipográficamente indicados mediante cursivas— que dan cuenta, desde una voz narrativa femenina, de una
visión mítica de la vida, en perfecta conjunción con la naturaleza. Aparecen en las dos primeras partes de Todas íbamos a ser reinas.
7 El tema de la mudez es recurrente en la literatura escrita por mujeres, y con frecuencia
lo encontramos asociado a una actitud de rebeldía ante el mundo, o a un conflicto de
identidad. Recordemos a la protagonista de La larga vida de Mariana Ucrià (1992),
de la escritora italiana Dacia Maraini, donde la protagonista es absolutamente muda.
8 Este tema también aparece varias veces en las obras de Paulina Movsichoff. Lo encontramos,
por ejemplo, en el cuento “Pájaro con el ala quebrada” (en Una mujer silenciosa)
y en labios de las mujeres que rodearon, en distintos momentos, a Lafinur (en
Juan Crisóstomo Lafinur. La sensualidad de la filosofía).
9 Para una serie de ejemplos sobre el papel de la costura y el bordado en novelas escritaspor mujeres, véase Gutiérrez Estupiñán, 2000.
10 Una situación semejante la encontramos en Como agua para chocolate (1989), de la
escritora mexicana Laura Esquivel, en el caso del personaje de Tita, que cae en una
mudez temporal. Además, también teje una larguísima cobija.
11 Es interesante observar que, aparte de Eloísa, hay otros personajes que se sienten
atraídos por la vida en la gran urbe: David, Marcelo, Antú.
12 Jerónimo, amante de Adelaida, le había dejado un baúl lleno de libros que ella pensaba vender pero, viendo el interés de su sobrina, lo deja en sus manos. A raíz de que Eloísa aprende latín para poder leer esos libros, Adelaida habla con Enrique (padre de la muchacha) para convencerlo de que le permita irse a estudiar en Buenos Aires.
13 Lo mismo observamos en algunas novelas de Luisa Josefina Hernández (véase Gutiérrez Estupiñán, 2000).
14 El poema citado (“Tú me quieres blanca”) pertenece al libro El dulce daño, publicado en 1918. En algunos poemas de Alfonsina Storni se nota una clara conciencia social
(véanse los poemas “Por los miserables”, “El obrero”, “El siglo XX”) y varios de los
temas que caracterizan el Bildungsroman femenino.
15 En Todas íbamos a ser reinas hay ecos de una huelga de trabajadores, y de la solidaridad del Centro Feminista: “Por esa época Pascuala le anunció [a Eloísa] que los obreros textiles preparaban una huelga. Las mujeres del centro Feminista irían a las fábricas a tratar de brindar algún apoyo. Se rumoreaba que el gobierno no duraría
mucho, jaqueado por una de las crisis sociales más duras en lo que iba del siglo
[…]. En las parroquias se hacían ollas populares para paliar el hambre de cientos de
mujeres, chicos y hombres. Elisa tomó la costumbre de acercarse a ellos cuando su
tiempo se lo permitía […] (178).
16 Véase http://oaca.iespana.es/anarquismofeminismo.htm.
17 Alicia Moreau nació en Londres en 1871, y se trasladó con su familia a Argentina en 1880. Comenzó su actividad política hacia 1906. Formó parte de varias asociaciones
y presidió la campaña de la Unión Femenina para promover los derechos civiles de
las mujeres. A los 90 años todavía acompañaba a las Madres de la Plaza de Mayo.
Falleció el 12 de mayo de 1986, a los 101 años de edad.
18 En mensaje por correo electrónico a la autora de este trabajo, el 20 de junio de 2010.
Pero añade Paulina Movsichoff: “No es ella para nada, es creación mía”. Otras mujeres
que menciona la escritora son Graciela Laperriere de Coni y Lola Mora. De hecho, en
las últimas décadas se han recuperado muchos nombres de mujeres que participaron
en los movimientos feministas y sociales de la época que aborda la novela que analizamos.
19 Con respecto a este congreso, debe atribuírsele un valor más bien simbólico, como lo indica la respuesta de Paulina Movsichoff (en correo electrónico del 26 de junio de 2010) a mi pregunta acerca del referente “real” de este viaje de Eloísa: “En cuanto al Congreso, no me acuerdo, pero tiendo a pensar que no. Pero por esa época ya había surgido el feminismo en Europa y no es improbable que se realizara alguno. Creo que quería mostrar cómo el viaje en lo exterior se correspondía con el gran desplazamiento interior que debió efectuar Eloísa […]”.




Valencia, Venezuela
2010
Mujeres en el Mundo:
Multiculturalismo, violencia, trabajo,
literatura y movimientos sociales
Yamile Delgado de Smith
María Cristina González
Coordinadoras
Título: Mujeres en el Mundo: Multiculturalismo, violencia, trabajo, literatura y
movimientos sociales
Autores /as: Yamile Delgado de Smith, María Cristina González, Marta Zabaleta,
Juliana Tabares Quiroz, Raquel Gutiérrez Estupiñán, Sara Beatriz Guardia,
Claudia Hasanbegovic, Alejandra Restrepo, Mónica R. Abellana Chaybub,
Lucía Chen, Belkis Zoraida Tovar, Cirila Quintero, Edmé Domínguez Reyes,
Maria Galindo, Yin-Zu Chen, Lubiza Osio Havriluk, Mariela A. Gutiérrez,
Gloria Patricia Zuluaga Sánchez, Mariela Martí, Dalia Correa Guía, Ana Lúcia Sá
Primera edición
septiembre de 2010
© 2010 Laboratorio de Investigación en Estudios del Trabajo (LAINET)
Reservados todos los derechos.
Queda rigurosamente prohibida,
la reproducción parcial o total de esta obra
por cualquier medio o procedimiento,
incluidos la reprografía y el tratamiento informático.
sin la autorización de los titulares del Copyright.
Hecho el Depósito de Ley
Depósito Legal: lf04120103003268
ISBN: 978-980-12-4591-9
Imagen portada: Matrioskas (2010), Yamile Delgado de Smith
Diseño: Arnaldo J. Alvarado
Impresión: Markmedia Group, C.A.
Valencia, Venezuela
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Gestión de las Personas
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Seguridad Social
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Organización del Trabajo
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Estudio de la Conducta y
su Implicación en el Trabajo

Esta publicación es el resultado de reuniones, intercambios
y simposios del Grupo de Trabajo de Género del Consejo
Europeo de Investigaciones Sociales de América Latina
(CEISAL) coordinado por la Dra. Marta Raquel Zabaleta,
Universidad de Middlesex, Londres, el Grupo de Estudios
Latinoamericanos (GEL) coordinado por la Dra. Yamile
Delgado de Smith, Universidad de Carabobo, Venezuela
y el Laboratorio de Investigaciones en Estudios del
Trabajo (LAINET) coordinado por el Dr. Rolando Smith,
Universidad de Carabobo, Venezuela.
Todos los artículos de este libro Mujeres en el Mundo: Multiculturalismo,
violencia, trabajo, literatura y movimientos
sociales, han sido objeto de arbitraje doble ciego por expertos
en el tema.
Publicación financiada con aporte de empresas de acuerdo a la
Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología e Innovación (LOCTI)
de Venezuela, al proyecto Observatorio Laboral, adscrito
al Laboratorio de Investigación en Estudios del Trabajo
(LAINET) de la Universidad de Carabobo. Identificado con
el código de proyecto número 1.116. La empresa que dio el
financiamiento fue VAS Venezolana S.A.

9
Marta Zabaleta (Inglaterra)
Doctora en Desarrollo del Institute of Development Studies (IDS),Sussex
University (1989).Es Honorary Visiting Senior Lecturer, School of Arts and
Education, Middlesex University de Londres, Reino Unido.
Correo electrónico: m.zabaleta@mdx.ac.uk
Juliana Tabares Quiroz (Colombia)
Socióloga de la Universidad de Antioquia, estudiante de la Maestría en Ciencias
de la Administración de la Universidad EAFIT en Medellín-Colombia.
Correo electrónico: julitobe@gmail.com
Raquel Gutiérrez Estupiñán (México)
Originaria de Puebla, México. Doctora en Filología Hispánica por la
Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Madrid, España.
Correo electrónico: raquelgmx@yahoo.com
Sara Beatriz Guardia (Perú)
Escritora. Investigadora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la
Universidad de San Martín de Porres. Directora del Centro de Estudios La
Mujer en la Historia de América Latina, CEMHAL.
Correo electrónico: sarabeatriz@telefonica.net.pe
Yamile Delgado de Smith (Venezuela)
Doctora en Ciencias Sociales. Postdoctorado en Ciencias de la Educación.
Profesora Titular de la Universidad de Carabobo. Actualmente es jefa del
Departamento de Proyectos de Investigación y Directora de Investigación y
Producción Intelectual. Investigadora Nacional, Nivel II
Correo electrónico: yamilesmith@gmail.com
Autores/as
10
Claudia Hasanbegovic (Argentina)
Abogada, científica social y feminista nacida en Argentina, quien luego
de varios años de ejercer la profesión defendiendo a mujeres en temas de
violencia de género en su país, estudio, vivió y trabajo en varios países de
Europa por 10 años, donde obtuvo su PhD en Políticas Sociales, y Maestría
en Mujer y Desarrollo.
Correo electrónico: cmghasanbegovic@yahoo.com
Alejandra Restrepo (Colombia)
Trabajadora Social de la Universidad de Antioquia (Colombia); obtuvo el
título de maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional
Autónoma de México, con la tesis Feminismo(s) en América Latina y El
Caribe: la diversidad originaria.
Correo electrónico: alejares@gmail.com
Mónica R. Abellana Chaybub (Venezuela)
Abogada, Licenciada en Educación, Mención Lengua y Literatura, Magíster
en Derecho del Trabajo, cursante del Doctorado en Ciencias Sociales Mención
Estudios del Trabajo Profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Políticas de la Universidad de Carabobo.
Correo electrónico: mrabellana@gmail.com
Lucía Chen (Taiwán)
Nacida en Taiwán, es conocida como Hsiao-chuan Chen, es profesora titular
en el Instituto de Posgraduados en Estudios Latinoamericanos y directora del
Instituto de las Américas en la Universidad de Tamkang de Taiwán.
Correo electrónico: lucychen@mail.tku.edu.tw
Belkis Zoraida Tovar (Venezuela)
Postdoctora en Ciencias de la Educación. Doctora en Educación, Doctora en
Ciencias Sociales, Mención Estudios del Trabajo. Egresada de la Universidad
de Carabobo. Licenciada en Educación. Abogada.
Correo electrónico: belkistovar10@gmail.com
Cirila Quintero (México)
Mexicana, Doctora en Sociología por el Colegio de México, Investigadora
Titular de El Colegio de la Frontera Norte, Dirección Regional de Matamoros,
Investigadora Nacional, Nivel III.
Correo electronico: cirilaq@yahoo.com.mx
11
Edmé Domínguez Reyes (Suecia)
Mexicana residente en Suecia, realizó sus estudios de licenciatura en Relaciones
Internacionales (El Colegio de México) y de Doctorado en el Instituto
de Estudios Políticos de Paris (IEP). Actualmente es Profesora titular en la
Escuela de Estudios Globales (School of Global Studies), Universidad de
Goteborg.
Correo electrónico: edme.dominguez@globalstudies.gu.se
Maria Galindo (Bolivia)
Feminista, fundadora e integrante de Mujeres Creando; un movimiento feminista
autónomo en Bolivia. Ha producido los siguientes audiovisuales: Las
exiliadas del neoliberalismo, mamá no me lo dijo, amazonas mujeres indomables
y actualmente participa en la muestra principio Potosí en el centro de
arte reina Sofía con tres videos.
Correo electrónico: mujerescreando@entelnet.bo
Yin-Zu Chen (Taiwán)
Profesora del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de
Taipei, Taiwan. Doctora en Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de
Ruhr-Universität Bochum, Alemania. Actualmente forma parte del comité
ejecutivo de Taiwanese Feminist Scholars Association.
Correo electrónico: chenyz@mail.ntpu.edu.tw
Lubiza Osio Havriluk (Venezuela)
Ingeniera en Información, egresada de la Universidad Tecnológica del
Centro, Venezuela. Profesora de la Cátedra de Información en la Universidad
de Carabobo y del área de Ingeniería del Software y de Sistemas de Información
en la Universidad Tecnológica del Centro, Venezuela.
Correo electrónico: losio@uc.edu.ve
Mariela A. Gutiérrez (Canadá)
Ensayista, conferencista, investigadora y crítica literaria. Es profesora titular
y ex-directora (1998-2005) del Departamento de Estudios Hispánicos de la
Universidad de Waterloo, en Ontario, Canadá. Se especializa en los estudios
afro-hispánicos (principalmente Cuba) y en la literatura femenina latinoamericana
del siglo XX y es la principal especialista de la obra de la autora cubana
Lydia Cabrera.
Correo electrónico: magutier@uwaterloo.ca
12
Gloria Patricia Zuluaga Sánchez (Colombia)
Profesora Asociada de la Universidad Nacional de Colombia en el área de
Medio Ambiente y Desarrollo. Ha realizado estudios de Doctorado en Sociología
y Desarrollo en la Universidad de Córdoba, España; de Desarrollo y
Mundialización en la Universidad de Ginebra Suiza -Internacional Master
of Advance Studies (IMAS)- y de Maestría en Hábitat de la Universidad
Nacional de Colombia.
Correo electrónico: lgloria.zuluaga13@gmail.com
Mariela Martí (Argentina)
Nacida en Argentina, licenciada en Comunicación Social con orientación
periodismo de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad
Nacional de La Plata. Periodista gráfica durante 10 años. Escritora e investigadora
independiente.
Correo electrónico: marielamarti@gmail.com
María Cristina González (Venezuela)
Docente e investigadora de la Universidad de Carabobo, Facultad de Ciencias
de la Salud. Aragua. Venezuela. Miembra de la Unidad de Investigación
y Estudios de Género “Bella Carla Jirón Camacaro”, del Laboratorio de
investigación en procesos sociales y calidad de vida. LINSOC.
Correo electrónico: mariacegonzalez60@gmail.com
Dalia Correa Guía (Venezuela)
Profesora Titular a dedicación exclusiva de la Universidad de Carabobo,
Venezuela, adscrita al Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas y
Sociales. Investigadora Titular C (Invitada) del Centro de Investigaciones sobre
América Latina y el Caribe, Universidad Nacional Autónoma de México.
Correo electrónico: correaguia@gmail.com, dcorrea@uc.edu.ve
Ana Lúcia Sá (Portugal)
Doutora em Sociologia, Licenciada em Estudos Portugueses e Mestre em
Estudos Africanos pela Universidade do Porto. É bolseira de pós-doutoramento
da Fundação para a Ciência e a Tecnologia no Consejo Superior de
Investigaciones Científicas – Institución Milá y Fontanals, em Barcelona.
Correo electrónico: analuciasa@gmail.com
13
Índice
Repensando la investigación sobre Mujeres, Hombres y Géneros:
historia de un caso (El Grupo de Trabajo del CEISAL) I*
Marta Raquel Zabaleta ................................................................................ 17
¿Flexibilización o precarización? Una mirada a las condiciones
laborales de las trabajadoras de la salud y las trabajadoras de la
confección en la ciudad de Medellín
Juliana Tabares Quiroz ................................................................................ 37
En busca de nuevos caminos:
Todas íbamos a ser reinas, de Paulina Movsichoff
Raquel Gutiérrez Estupiñán ........................................................................ 55
Las ilustradas de la República
Mercedes Cabello y la educación femenina
Sara Beatriz Guardia ................................................................................... 69
Secretos de la casa de adobe
Yamile Delgado de Smith ........................................................................... 87
Fronteras del Odio:
de Sudamérica a Londres y Buenos Aires
Claudia Hasanbegovic ............................................................................... 101
14
Epistemología feminista en América Latina y el Caribe
Alejandra Restrepo .................................................................................... 117
Mujer como testigo de la historia
Mónica Abellana Chaybub ....................................................................... 141
Mujeres en la independencia mexicana:
entre historia y leyenda
Lucía Chen ................................................................................................ 151
Mujer e informalidad laboral
Belkis Zoraida Tovar ................................................................................. 171
La participación femenina en los partidos políticos
y la equidad de género. El caso de México
Cirila Quintero Ramírez ............................................................................ 185
Labour organizing among women workers linked
to globalization: the case of El Salvador
Edmé Domínguez R. ................................................................................. 201
Nuestro feminismo ni maquilla, ni rellena
Maria Galindo ........................................................................................... 219
Los marcos interpretativos feministas: una propuesta
para el análisis de los movimientos sociales
Yin-Zu Chen .............................................................................................. 233
La mujer y las TIC:
De la cultura oral a la cultura blogal
Lubiza Osio Havriluk ................................................................................ 247
Borka Sattler: dos heroínas de su irradiante universo femenino
Mariela A. Gutiérrez ................................................................................. 263
Aproximación a los ecofeminísmos
Gloria Patricia Zuluaga Sánchez ............................................................... 283
Militancia femenina en años de persecución política
y dictadura. Argentina 1974-77
Mariela Martí ............................................................................................ 299
15
Género y educación. Un abordaje desde las diferentes
perspectivas feministas
María Cristina González Moreno .............................................................. 321
La mujer y el socialismo bolivariano del siglo XXI
Dalia Correa Guía ..................................................................................... 335
Género e máquina colonial portuguesa.
A representação de mulheres em romances angolanos
Ana Lúcia Sá ............................................................................................. 351

viernes, 21 de enero de 2011

lunes, 10 de enero de 2011

María del Sol- Paulina Movsichoff


A María del Sol Colombres



Antes de que vinieras
mi dolor era un muro
una llaga constante me quemaba las manos
Antes
Cuando las cosas eran lenguas dormidas
y la brisa jugaba a esconderme sus peces
Hubo trenes nocturnos entre rieles de miedo
fugaces mariposas que buscaban la puerta de la luz
De pronto tú llegaste
y fue como si un agua me brotara del pecho
como un rumor de pinos
como memoria de jazmines
Movimientos de astros que soñaron tu historia
entre duendes lejanos
países de leyenda
frágiles paraísos hermanos del asombro
Desde entonces la fuente
los signos de la noche
las madejas del día
Desde entonces
la abierta claridad de mis fronteras
Voy siguiendo tu huella de rocío
tu gira-sol que tiembla en el crepúsculo

Onírisis

martes, 4 de enero de 2011

Educación y Mujer en los albores de la República- Paulina Movsichoff




LA ILUSTRACIÓN
Antes de comenzar a tratar el papel de la mujer en la cultura de esta época, creemos necesario detenernos en las ideas de la Ilustración.
Entre el Renacimiento y la Ilustración pasan dos siglos de debates, de silencios, o de aventuras. Las colonias españolas parecen colocadas al margen de este debate. La Ilustración obra como campana que las despierta, las vuelve repentinamente entusiasmadas con estas ideas que toman el carácter de un segundo descubrimiento.
Fue la subida de los Borbones, con su afrancesamiento, la causa de que aquella pesada venda cayera del pensamiento colonial.
La palanca de la Ilustración se apoya en Descartes. Es decir, en un hombre del siglo XVII. Descartes, atraído por el sistema de Copérnico y por las obras de Galileo y de Kepler, se consagró a escribir una nueva exposición del sistema del mundo. El Discurso del Método inaugura la era de la razón, dándole un nuevo vuelco a las ideas. En las palabras: cogito, ergo sum, se condensa una sustancia revolucionaria, la más explosiva de que haya fabricado el hombre moderno. El Discurso del Método se publica en Europay pasó más de un siglo antes de que el nombre del filósofo y sus enseñanzas llegaran a América. Un combate feroz se inicia entre escolásticos y cartesianos. La Inquisición es la única herramienta a que los primeros pueden echar mano, para contener esta estruendosa marea que parece arrasar con siglos de letargo y quietud. Pero los cartesianos no se arredran y los debates son un factor movilizante que cambiará el destino de las colonias.
En Argentina, es el Deán Gregorio Fúnes (1749-1829), el portavoz de esta nuevas ideas, el que combate con ardor lo que llama "el funesto peripato".
El movimiento se expande por toda América. Es que con estas tres palabras, aterriza la filosofía, se responsabiliza al hombre sobre la tierra, se cultiva la duda, surge el derecho natural paralelo al divino.
En 1789 llegan a Francia los dos tomos de una obra impresa en Ginebra: El espíritu de las Leyes, de Montesquieu. Un año después, Diderot y D' Alembert reciben el encargo de codirigir la Enciclopedia. Esta obra produce horror en los bien pensantes. Propone otro modo de leer el mundo. Añade en el mismo plano las técnicas y el saber de los oficios, destruyendo así la antigua oposición entre "noble" y la actividad "trivial".
Aparece entonces una nueva raza de hombres de letras: los filósofos.
Buffon, en La Historia Natural, establece los fundamentos de la ciencia de la naturaleza y no de los imperativos de la economía. Es un nuevo Discurso del Método que rompe con el cartesianismo y describe la historia de un mundo sin Dios.
En 1750, Rousseau escribe su Tratado sobre las Ciencias y las Artes. En pocos meses, como un atajo de la historia, surgen o se anuncian los monumentos del Siglo de la Ilustración.

EDUCACIÓN
En el siglo XVIII la juventud, penetrada de las insuficiencias de la educación, procura suplirla buscando ávidamente la instrucción en libros extranjeros. Son pocos los jóvenes que no aprendan con el auxilio del diccionario a traducir el francés y el inglés, esforzándose sobre todo en el primero de estos idiomas. El amor a los libros era general en toda América pero especialmente en Buenos Aires. En la Gazeta de 1811 y 1812 se encuentran repetidas donaciones de obras importantes hechas por particulares, para formar la biblioteca pública. En la Universidad de Córdoba sólo se estudian la lengua y la literatura latinas, la filosofía que sólo duraba tres años, la teología servida por dos cátedras de escolástica, una de moral, otra de cánones y de Escritura.

IGLESIA
La Iglesia que vino a América fue la de la Contrarreforma española. El cardenal Cisneros, gran humanista, animador de la Iglesia y del Estado Españoles, vivía como un asceta franciscano y ordenaba quemar los libros poéticos de los moros.
Sin embargo, para bien y para mal, la Iglesia dejó una profunda huella en la vida colonial.
Los conventos eran laboratorios de estudios lingüísticos. Vasco de Quiroga realizó en Michoacán, México, el experimento de la Utopía de Tomás moro.
En 1767 fueron expulsados lo jesuitas. Sus misioneros penetraron en los parajes más difíciles. Fundaron colegios en toda la América española y algunas de sus iglesias son famosas, descollando entre todas la llama de la Compañía de Quito.

LA FAMILIA

La familia antigua se compone por los parientes unidos por vínculos de sangre o afinidad, de los criados, indios, siervos, proletarios libres, la clientela de los asociados coloniales.
El padre disponía casi en absoluto de la persona de su hijo, podía empeñarlo y venderlo en caso de necesidad.
La madre ocupaba una situación inferior. De todas las prerrogativas enunciadas por la ley sólo le competía, en defecto del padre, la de consentir el matrimonio de sus hijos menores de veinticinco años.


LA MUJER EN LA FAMILIA COLONIAL HISPANOAMERICANA

El predominio masculino en el mundo es indiscutible en la historia. En nuestro mundo colonial a la mujer sólo se le reconocía el mundo de los sentimientos, el derecho a expresar sus afectos y hasta de crear y mantener los lazos de afectividad que se realizan en el ámbito privado, íntimo del matrimonio y la familia. El ideal era para la mujer tener una familia numerosa o dedicarse a la oración. La conquista de América había sido cosa de hombres. No se buscaban aventureras sino madres tranquilas. La casa sería un claustro para retenerlas y ocultarlas de las codiciosas miradas masculinas.
El convento fue, asimismo, el refugio para que las mujeres pudieran sentirse protegidas y distantes de las tentaciones de la carne.
Hasta 1765 no había en Colombia ni una sola escuela para niñas.

LOS SALONES LITERARIOS Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO INELECTAL DE LA MUJER

El salón constituía uno de los pocos espacios de libertad en donde la mujer podía expresarse. Las princesas siempre habían tenido la posibilidad de mantener un círculo, de reunir alrededor de ellas hombres y mujeres cuya ocupación principal era la conversación. Se conocen las cortes de amor en la Edad Media y del Renacimiento o, ya en el siglo XVII, los círculos de Margarita de Angulema o de Margarita de Valois, en Francia, los de Isabel del Este o de Lucrecia de Borgia en Italia. Y siempre se encontrará en Europa princesas cultas, reinas que convertirán sus cortes en centros de cultura, como Isabel de Inglaterra, Cristina de Suecia, etc. Sin olvidar a las que no gozaban de la legitimidad de aquéllas pero que no por ello dejaban de brillar aunque fuese como “favoritas”, como es el caso de Madame Pompadour.
El salón es mixto: ésta es su primera característica e incluso una de sus razones de ser. Es allí en donde la minoría de la otra minoría, la de los intelectuales, se convierte en élite.
En los salones impera lo novelesco. Al prohibirse a las niñas los estudios académicos, se las limitaba a leer obras de ficción que, sin embargo, les estaban también prohibidas. Pero, sin que las familias se apercibieran de ello, los antiguos cuentos que las nodrizas y las hadas contaban a las niñas, transmitían a éstas el gusto por lo novelesco, por lo maravilloso, lo quimérico.
Los poetas, los hombres de letras, sirven a las damas como benévolos preceptores, leen obras nuevas en las casas de estas últimas, proporcionan temas de conversación. Podemos decir que cultivaron el arte de amar sin amor.

LOS SALONES EN LOS ALBORES DE LA REPÚBLICA

Difícil era alcanzar ese grado de refinamiento en las sociedades americanas, pero con La Revolución y los nuevos vínculos con extranjeros,se abrió un nuevo panorama a la mujer. Algunas tertulias se volvieron muy sofisticadas. Según Vicente Fidel López, la época de la Asamblea Constituyente y del Director Posadas “fue de transformación en las costumbres, en la vida interior de la familia, y en el carácter de los negocios comerciales… Cierta alegría pública y comunicativa comenzó entonces a poner inspirada a la buena sociedad. Abriéronse entonces algunos salones y entre ellos el de la señora María Sánchez de Thompson (de Mendeville después) donde Alvear, Larrea, Monteagudo, Rodríguez Peña, Lafinur, algunos médicos y publicistas extranjeros, el físico Lozier, el botanista Clarinelli y otros no menos notables, se reunían a entretener sus espíritus con las novedades de la ciencia y los azares de la vida del país."
Confluían allí, al modo europeo, la política, el arte, la ciencia. Como las mujeres participaban del diálogo, los temas abstractos debían aligerarse, pues de otro modo nadie escucharía al disertante. El salón de Thompson conserva la tradición morisca del estrado. Los objetos también jugaban su rol para dar el marco material a ese marco novedoso de sociabilidad. Dice Vicente Fidel López: “La dueña de aquel salón en cuya cabeza entraban todas las reminiscencias e imitaciones de los salones del Directorio y del Consulado Francés, prodigaba el inmenso caudal en el delicado placer de reunir en su casa adornos exquisitos y curiosos de la industria del arte europeos: porcelanas, grabado, relojes mecánicos con fuentes de agua permanentes figuradas por una combinación de cristales, que constituían novedades para quienes no habían visto sino los productos decaídos y burdos que el monopolio colonial les traía. “
Otro de los salones de aquella época era el de Trinidad Guevara, la actriz más cotizada del momento. Dice Arturo Capdevila que su salón tenía seguramente estrado y pianoforte, más de cierta intimidad guardada que a muy pocos se franquea. Salón con amigos que pueden ser grandes señores y compañeras de tablas.
No podemos dejar de nombrar aquí a Joaquina Izquierdo, otra de las damas que está unida a la nueva condición que Mayo acredita. A sus tertulias acudían también poetas militantes de la época, con Luca, con Varela, con Hidalgo, los cuales se reunían con frecuencia alrededor de una mujer notable cuya existencia es prácticamente desconocida. Esta mujer poesía además el gusto dramático, y declamaba con notable buen gusto los versos de los poetas de la revolución, que le agradecían con madrigales y coronas poéticas. Juan María Gutiérrez nos dice: “La señorita Izquierdo es una prueba del influjo que bajo diferentes formas ejerció la Revolución en el desarrollo de la mujer argentina: ésta cooperó desde entonces en el movimiento civilizador de la nación americana.”
Algunos textos dramáticos han guardado el valioso testimonio de esa lucha secreta de rozamientos y tensiones, desencuentros generacionales, que se prolonga, prácticamente, a lo largo de todo el siglo XIX. Entre los síntomas que señalaban la postergada condición social de la mujer, hasta 1810, puede señalarse la facilidad de su reclusión conventual por obra de la voluntad masculina. Tal cuestión flotaba en la atmósfera liberal porteña de los días de Mayo y la Asamblea del año XIII le puso banderillas al aprobar, el 19 de mayo de dicho año, una ley que prohibía profesar en los claustros antes de los treinta años cumplidos. Esta ley quedó sólo en los papeles hasta los días de Rivadavia, en que cobró circunstancial y positiva vigencia. Reflejo de este problema, también europeo, vibra en la tragedia El triunfo de la naturaleza del portugués Vicente Nolasco de Acuña, que según Gutiérrez editó Bernardo de Monteagudo y se representó en 1812. Días antes de la representación circuló por la ciudad un panfleto de Monteagudo, luego incluido como prólogo de la edición, en el cual se trataba de demostrar “lo absurdo y antinatural de la reclusión de las jóvenes en los Conventos”. El panfleto suscitó controversias y provocó la afluencia de público al teatro y el éxito de la pieza, por lo demás muy endeble.
El tema de la reivindicación femenina reaparece en otras piezas, como Las esposas vengadas, comedia y La Elicene, drama sentimental, ambas de 1817. En el Hipócrita político, comedia anónima porteña de 1819, queda documentado el conflicto de autoridad paterna que promueven las nuevas ansias femeninas. El padre autoritario que impone marido a su hija contra la autoridad de ésta - el asunto moratiniano de El Sí de las niñas - tiene allí un tratamiento asociado con problemas vinculados a la causa patriota.
La crisis del patriarcalismo doméstico discernidor de la felicidad de las hijas, escogedor de maridos para doncellas amordazadas en lo concerniente a sus gustos y preferencias sentimentales, promovida por el feminismo enciclopedista de Mary Wollstonecraft encauza, tiene un combativo enemigo en el padre Castañeda quien, en la tercera de Las tres comedias de Doña María Retazos, trata de apuntalar la vieja estructura. Detrás de la crisis el padre Castañeda descubre al demonio enciclopedista y le sale al paso en dicho boceto donde mezcla el ataque con esta curiosa teoría: “ser soltero es ser haragán”.
La defensa del régimen patriarcal que suponen tales conceptos, ilustrada en la comedia titulada Los solteros corregidos por la Exma. e Ilma Comentadora y por su escudera Da. María Retazos, está reiterada en varios pasajes, donde tres niñas educadas según el sentido conservador rechazan a tres jóvenes librepensadores y al poeta Pope, ridiculizados por el autor.
Luego se ve reaparecer la influencia del feminismo en una breve comedia de Juan Cruz Varela : A río revuelto ganancia de pescadores, donde la joven Rosa es recriminada por su tutor debido a que le contesta sentada, y donde la rebeldía juvenil llega hasta el punto de rechazar enérgica el pretendiente impuesto por el celo paterno, según se ve en estos desenvueltos conceptos :

Las personas que son libres
y con más razón las damas,
deben casarse tan sólo
con el joven a quien aman.

Que merecen esta contundente réplica:

y las hijas que a su padres
ninguna obediencia guardan
a palos y garrotazos
se les enseña a guardarla.

CONCLUSIÓN

Con esta somera visión he tratado de mostrar el arduo camino que la mujer debió recorrer en estas tierras para que se reconociera su humanidad, su condición de par con el hombre. Para mostrar también su sed de estudios y conocimientos, patrimonio exclusivo de los hombres hasta ese momento.
Con enormes dificultades la mujer ha construido su lucidez, la capacidad de cuestionar las estructuras que la quisieron dependiente. Esa ideología que ahora conocemos como sexismo y que la condenó siempre a someterse a la voluntad de los otros. “Elegir es lo que precisamente la mujer no había hecho nunca”, dice la escritora guatemalteca Alaíde Foppa. En la época de nuestra Independencia no eran sólo los hombres de esta tierra los que deseban sacudirse el yugo del opresor. Tal vez este movimiento fuera una llamada también para la mujer quien oscuramente entrevió que, para ser una persona, debía educarse. Y esta función, parcial, limitada a una clase social de la cual la mujer humilde estaba excluida, marcó sin embargo un nuevo peldaño en la posición y participación de la mujer en la sociedad contemporánea.