martes, 4 de enero de 2011

Educación y Mujer en los albores de la República- Paulina Movsichoff




LA ILUSTRACIÓN
Antes de comenzar a tratar el papel de la mujer en la cultura de esta época, creemos necesario detenernos en las ideas de la Ilustración.
Entre el Renacimiento y la Ilustración pasan dos siglos de debates, de silencios, o de aventuras. Las colonias españolas parecen colocadas al margen de este debate. La Ilustración obra como campana que las despierta, las vuelve repentinamente entusiasmadas con estas ideas que toman el carácter de un segundo descubrimiento.
Fue la subida de los Borbones, con su afrancesamiento, la causa de que aquella pesada venda cayera del pensamiento colonial.
La palanca de la Ilustración se apoya en Descartes. Es decir, en un hombre del siglo XVII. Descartes, atraído por el sistema de Copérnico y por las obras de Galileo y de Kepler, se consagró a escribir una nueva exposición del sistema del mundo. El Discurso del Método inaugura la era de la razón, dándole un nuevo vuelco a las ideas. En las palabras: cogito, ergo sum, se condensa una sustancia revolucionaria, la más explosiva de que haya fabricado el hombre moderno. El Discurso del Método se publica en Europay pasó más de un siglo antes de que el nombre del filósofo y sus enseñanzas llegaran a América. Un combate feroz se inicia entre escolásticos y cartesianos. La Inquisición es la única herramienta a que los primeros pueden echar mano, para contener esta estruendosa marea que parece arrasar con siglos de letargo y quietud. Pero los cartesianos no se arredran y los debates son un factor movilizante que cambiará el destino de las colonias.
En Argentina, es el Deán Gregorio Fúnes (1749-1829), el portavoz de esta nuevas ideas, el que combate con ardor lo que llama "el funesto peripato".
El movimiento se expande por toda América. Es que con estas tres palabras, aterriza la filosofía, se responsabiliza al hombre sobre la tierra, se cultiva la duda, surge el derecho natural paralelo al divino.
En 1789 llegan a Francia los dos tomos de una obra impresa en Ginebra: El espíritu de las Leyes, de Montesquieu. Un año después, Diderot y D' Alembert reciben el encargo de codirigir la Enciclopedia. Esta obra produce horror en los bien pensantes. Propone otro modo de leer el mundo. Añade en el mismo plano las técnicas y el saber de los oficios, destruyendo así la antigua oposición entre "noble" y la actividad "trivial".
Aparece entonces una nueva raza de hombres de letras: los filósofos.
Buffon, en La Historia Natural, establece los fundamentos de la ciencia de la naturaleza y no de los imperativos de la economía. Es un nuevo Discurso del Método que rompe con el cartesianismo y describe la historia de un mundo sin Dios.
En 1750, Rousseau escribe su Tratado sobre las Ciencias y las Artes. En pocos meses, como un atajo de la historia, surgen o se anuncian los monumentos del Siglo de la Ilustración.

EDUCACIÓN
En el siglo XVIII la juventud, penetrada de las insuficiencias de la educación, procura suplirla buscando ávidamente la instrucción en libros extranjeros. Son pocos los jóvenes que no aprendan con el auxilio del diccionario a traducir el francés y el inglés, esforzándose sobre todo en el primero de estos idiomas. El amor a los libros era general en toda América pero especialmente en Buenos Aires. En la Gazeta de 1811 y 1812 se encuentran repetidas donaciones de obras importantes hechas por particulares, para formar la biblioteca pública. En la Universidad de Córdoba sólo se estudian la lengua y la literatura latinas, la filosofía que sólo duraba tres años, la teología servida por dos cátedras de escolástica, una de moral, otra de cánones y de Escritura.

IGLESIA
La Iglesia que vino a América fue la de la Contrarreforma española. El cardenal Cisneros, gran humanista, animador de la Iglesia y del Estado Españoles, vivía como un asceta franciscano y ordenaba quemar los libros poéticos de los moros.
Sin embargo, para bien y para mal, la Iglesia dejó una profunda huella en la vida colonial.
Los conventos eran laboratorios de estudios lingüísticos. Vasco de Quiroga realizó en Michoacán, México, el experimento de la Utopía de Tomás moro.
En 1767 fueron expulsados lo jesuitas. Sus misioneros penetraron en los parajes más difíciles. Fundaron colegios en toda la América española y algunas de sus iglesias son famosas, descollando entre todas la llama de la Compañía de Quito.

LA FAMILIA

La familia antigua se compone por los parientes unidos por vínculos de sangre o afinidad, de los criados, indios, siervos, proletarios libres, la clientela de los asociados coloniales.
El padre disponía casi en absoluto de la persona de su hijo, podía empeñarlo y venderlo en caso de necesidad.
La madre ocupaba una situación inferior. De todas las prerrogativas enunciadas por la ley sólo le competía, en defecto del padre, la de consentir el matrimonio de sus hijos menores de veinticinco años.


LA MUJER EN LA FAMILIA COLONIAL HISPANOAMERICANA

El predominio masculino en el mundo es indiscutible en la historia. En nuestro mundo colonial a la mujer sólo se le reconocía el mundo de los sentimientos, el derecho a expresar sus afectos y hasta de crear y mantener los lazos de afectividad que se realizan en el ámbito privado, íntimo del matrimonio y la familia. El ideal era para la mujer tener una familia numerosa o dedicarse a la oración. La conquista de América había sido cosa de hombres. No se buscaban aventureras sino madres tranquilas. La casa sería un claustro para retenerlas y ocultarlas de las codiciosas miradas masculinas.
El convento fue, asimismo, el refugio para que las mujeres pudieran sentirse protegidas y distantes de las tentaciones de la carne.
Hasta 1765 no había en Colombia ni una sola escuela para niñas.

LOS SALONES LITERARIOS Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO INELECTAL DE LA MUJER

El salón constituía uno de los pocos espacios de libertad en donde la mujer podía expresarse. Las princesas siempre habían tenido la posibilidad de mantener un círculo, de reunir alrededor de ellas hombres y mujeres cuya ocupación principal era la conversación. Se conocen las cortes de amor en la Edad Media y del Renacimiento o, ya en el siglo XVII, los círculos de Margarita de Angulema o de Margarita de Valois, en Francia, los de Isabel del Este o de Lucrecia de Borgia en Italia. Y siempre se encontrará en Europa princesas cultas, reinas que convertirán sus cortes en centros de cultura, como Isabel de Inglaterra, Cristina de Suecia, etc. Sin olvidar a las que no gozaban de la legitimidad de aquéllas pero que no por ello dejaban de brillar aunque fuese como “favoritas”, como es el caso de Madame Pompadour.
El salón es mixto: ésta es su primera característica e incluso una de sus razones de ser. Es allí en donde la minoría de la otra minoría, la de los intelectuales, se convierte en élite.
En los salones impera lo novelesco. Al prohibirse a las niñas los estudios académicos, se las limitaba a leer obras de ficción que, sin embargo, les estaban también prohibidas. Pero, sin que las familias se apercibieran de ello, los antiguos cuentos que las nodrizas y las hadas contaban a las niñas, transmitían a éstas el gusto por lo novelesco, por lo maravilloso, lo quimérico.
Los poetas, los hombres de letras, sirven a las damas como benévolos preceptores, leen obras nuevas en las casas de estas últimas, proporcionan temas de conversación. Podemos decir que cultivaron el arte de amar sin amor.

LOS SALONES EN LOS ALBORES DE LA REPÚBLICA

Difícil era alcanzar ese grado de refinamiento en las sociedades americanas, pero con La Revolución y los nuevos vínculos con extranjeros,se abrió un nuevo panorama a la mujer. Algunas tertulias se volvieron muy sofisticadas. Según Vicente Fidel López, la época de la Asamblea Constituyente y del Director Posadas “fue de transformación en las costumbres, en la vida interior de la familia, y en el carácter de los negocios comerciales… Cierta alegría pública y comunicativa comenzó entonces a poner inspirada a la buena sociedad. Abriéronse entonces algunos salones y entre ellos el de la señora María Sánchez de Thompson (de Mendeville después) donde Alvear, Larrea, Monteagudo, Rodríguez Peña, Lafinur, algunos médicos y publicistas extranjeros, el físico Lozier, el botanista Clarinelli y otros no menos notables, se reunían a entretener sus espíritus con las novedades de la ciencia y los azares de la vida del país."
Confluían allí, al modo europeo, la política, el arte, la ciencia. Como las mujeres participaban del diálogo, los temas abstractos debían aligerarse, pues de otro modo nadie escucharía al disertante. El salón de Thompson conserva la tradición morisca del estrado. Los objetos también jugaban su rol para dar el marco material a ese marco novedoso de sociabilidad. Dice Vicente Fidel López: “La dueña de aquel salón en cuya cabeza entraban todas las reminiscencias e imitaciones de los salones del Directorio y del Consulado Francés, prodigaba el inmenso caudal en el delicado placer de reunir en su casa adornos exquisitos y curiosos de la industria del arte europeos: porcelanas, grabado, relojes mecánicos con fuentes de agua permanentes figuradas por una combinación de cristales, que constituían novedades para quienes no habían visto sino los productos decaídos y burdos que el monopolio colonial les traía. “
Otro de los salones de aquella época era el de Trinidad Guevara, la actriz más cotizada del momento. Dice Arturo Capdevila que su salón tenía seguramente estrado y pianoforte, más de cierta intimidad guardada que a muy pocos se franquea. Salón con amigos que pueden ser grandes señores y compañeras de tablas.
No podemos dejar de nombrar aquí a Joaquina Izquierdo, otra de las damas que está unida a la nueva condición que Mayo acredita. A sus tertulias acudían también poetas militantes de la época, con Luca, con Varela, con Hidalgo, los cuales se reunían con frecuencia alrededor de una mujer notable cuya existencia es prácticamente desconocida. Esta mujer poesía además el gusto dramático, y declamaba con notable buen gusto los versos de los poetas de la revolución, que le agradecían con madrigales y coronas poéticas. Juan María Gutiérrez nos dice: “La señorita Izquierdo es una prueba del influjo que bajo diferentes formas ejerció la Revolución en el desarrollo de la mujer argentina: ésta cooperó desde entonces en el movimiento civilizador de la nación americana.”
Algunos textos dramáticos han guardado el valioso testimonio de esa lucha secreta de rozamientos y tensiones, desencuentros generacionales, que se prolonga, prácticamente, a lo largo de todo el siglo XIX. Entre los síntomas que señalaban la postergada condición social de la mujer, hasta 1810, puede señalarse la facilidad de su reclusión conventual por obra de la voluntad masculina. Tal cuestión flotaba en la atmósfera liberal porteña de los días de Mayo y la Asamblea del año XIII le puso banderillas al aprobar, el 19 de mayo de dicho año, una ley que prohibía profesar en los claustros antes de los treinta años cumplidos. Esta ley quedó sólo en los papeles hasta los días de Rivadavia, en que cobró circunstancial y positiva vigencia. Reflejo de este problema, también europeo, vibra en la tragedia El triunfo de la naturaleza del portugués Vicente Nolasco de Acuña, que según Gutiérrez editó Bernardo de Monteagudo y se representó en 1812. Días antes de la representación circuló por la ciudad un panfleto de Monteagudo, luego incluido como prólogo de la edición, en el cual se trataba de demostrar “lo absurdo y antinatural de la reclusión de las jóvenes en los Conventos”. El panfleto suscitó controversias y provocó la afluencia de público al teatro y el éxito de la pieza, por lo demás muy endeble.
El tema de la reivindicación femenina reaparece en otras piezas, como Las esposas vengadas, comedia y La Elicene, drama sentimental, ambas de 1817. En el Hipócrita político, comedia anónima porteña de 1819, queda documentado el conflicto de autoridad paterna que promueven las nuevas ansias femeninas. El padre autoritario que impone marido a su hija contra la autoridad de ésta - el asunto moratiniano de El Sí de las niñas - tiene allí un tratamiento asociado con problemas vinculados a la causa patriota.
La crisis del patriarcalismo doméstico discernidor de la felicidad de las hijas, escogedor de maridos para doncellas amordazadas en lo concerniente a sus gustos y preferencias sentimentales, promovida por el feminismo enciclopedista de Mary Wollstonecraft encauza, tiene un combativo enemigo en el padre Castañeda quien, en la tercera de Las tres comedias de Doña María Retazos, trata de apuntalar la vieja estructura. Detrás de la crisis el padre Castañeda descubre al demonio enciclopedista y le sale al paso en dicho boceto donde mezcla el ataque con esta curiosa teoría: “ser soltero es ser haragán”.
La defensa del régimen patriarcal que suponen tales conceptos, ilustrada en la comedia titulada Los solteros corregidos por la Exma. e Ilma Comentadora y por su escudera Da. María Retazos, está reiterada en varios pasajes, donde tres niñas educadas según el sentido conservador rechazan a tres jóvenes librepensadores y al poeta Pope, ridiculizados por el autor.
Luego se ve reaparecer la influencia del feminismo en una breve comedia de Juan Cruz Varela : A río revuelto ganancia de pescadores, donde la joven Rosa es recriminada por su tutor debido a que le contesta sentada, y donde la rebeldía juvenil llega hasta el punto de rechazar enérgica el pretendiente impuesto por el celo paterno, según se ve en estos desenvueltos conceptos :

Las personas que son libres
y con más razón las damas,
deben casarse tan sólo
con el joven a quien aman.

Que merecen esta contundente réplica:

y las hijas que a su padres
ninguna obediencia guardan
a palos y garrotazos
se les enseña a guardarla.

CONCLUSIÓN

Con esta somera visión he tratado de mostrar el arduo camino que la mujer debió recorrer en estas tierras para que se reconociera su humanidad, su condición de par con el hombre. Para mostrar también su sed de estudios y conocimientos, patrimonio exclusivo de los hombres hasta ese momento.
Con enormes dificultades la mujer ha construido su lucidez, la capacidad de cuestionar las estructuras que la quisieron dependiente. Esa ideología que ahora conocemos como sexismo y que la condenó siempre a someterse a la voluntad de los otros. “Elegir es lo que precisamente la mujer no había hecho nunca”, dice la escritora guatemalteca Alaíde Foppa. En la época de nuestra Independencia no eran sólo los hombres de esta tierra los que deseban sacudirse el yugo del opresor. Tal vez este movimiento fuera una llamada también para la mujer quien oscuramente entrevió que, para ser una persona, debía educarse. Y esta función, parcial, limitada a una clase social de la cual la mujer humilde estaba excluida, marcó sin embargo un nuevo peldaño en la posición y participación de la mujer en la sociedad contemporánea.

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